Cuando queremos revisar nuestros
resultados profesionales debemos contactar con nuestros esquemas de pensamiento
y nuestras emociones, para determinar su influencia en nuestras acciones. Y es la relación entre esos pensamientos y
emociones, lo que determina nuestro comportamiento.
Es por eso que, en un proceso de
mejoramiento personal, investigamos y nos capacitamos tanto en aspectos de nuestra profesión como en el
área de la inteligencia emocional.
Además vale la pena conocer de
métodos para la toma de decisiones que
puedan mejorar nuestra escogencia entre alternativas.
Lo que muchos profesionales han
pasado por alto es que falta un componente, un factor que determina nuestro
comportamiento y que no mantenemos presente,
no está en nuestras consideraciones y por consiguiente no es atendido en los
procesos de mejora.
Ese elemento o factor que influye
–y muchas veces determina- nuestro comportamiento, es nuestro principal marco
de referencia: las creencias.
Durante mi vida de trabajo, en
diversas empresas nacionales e internacionales, he encontrado a profesionales
quienes perteneciendo a la misma área profesional que crecieron en ambientes culturalmente distintos, y por consiguiente,
están determinados en su comportamiento por sus creencias. Para una misma área
profesional y una cultura con creencias distintas, las decisiones y su
desempeño son diferentes.
Conocemos que hay religiones que
le prohíben a sus miembros una transfusión de sangre, aunque pueda salvar una
vida. Hay corrientes médicas que prohíben la ingesta de carne o de cualquier
producto que provenga del mundo animal. Hay organizaciones empresariales que
han sido conducidas por la familia y que alcanzan un crecimiento que exige una
forma de organización corporativa y sin embargo, permanecen con una
administración limitada a las competencias de los miembros de la familia que
las manejan.
Un ejemplo contundente de la
influencia de las creencias en la determinación de nuestro comportamiento y por
tanto en los resultados de nuestra vida, es lo que la psiconeuroinmunología ha
establecido: las creencias juegan un papel importantísimo en la relación del
sistema inmunológico, con el sistema nervioso y el sistema límbico. Una
enfermedad como el cáncer es ahora tratada atendiendo al fortalecimiento del
sistema inmunolígico (medicinas), equilibrando al sistema nervioso (relajación)
y manejando nuestra emociones (meditación).
Así que la salud o su
restablecimiento, está determinada por nuestras creencias.
En otras palabras: dependiendo de
la forma en que manejemos nuestra espiritualidad, nos encontramos con que la fé
en un ente superior, amoroso, pendiente de las personas, misericordioso, pueden
llevar a que la oración (o meditación), fortaleza nuestro sistema nervioso por
la confianza de ser asistidos y a su vez, fortaleciendo nuestro sistema límbico,
al saber ( o creer) que somos amados; esto a su vez mejora la efectividad del
sistema inmunológico.
Veamos el caso de las empresas
familiares, donde se tienen miembros de
la familia en posiciones de gestión de la organización, y, a su vez, ser
propietarios de la empresa.
Esta triple función, familia,
directivo y dueño, crea una complejidad que requiere de la revisión de las
creencias y sus fuentes. Creencias familiares y sus orígenes, creencias
empresariales y sus orígenes, creencias de propietarios y sus orígenes,
confluyen en una organización empresarial familiar.
Todas las creencias que probablemente
han contribuído a llevar a la empresa
hasta donde se encuentra, no necesariamente le permitirá mantenerse y menos
crecer, cuando ha cambiado el entorno
económico, social, político, de mercado, etc, por lo que debe dar pasos hacia nuevas
estructuras de gestión, basada en nuevas creencias que descarten las obsoletas,
que sean creencias limitantes y para dar paso nuevas creencias potenciadoras de cambio que
permitan llevar a la empresa, desde el sitio en que ahora se encuentre –por
ejemplo en el mercado-, a nuevas posiciones, con fortalezas que le permitan
permanecer y crecer en estos nuevos ambientes.
Una cultura organizacional basada
en una filosofía de gestión que construya un organigrama funcional, que se
sustente en procesos, normas, políticas y un sistema de indicadores, impulsaría
el nuevo orden que una empresa familiar requiere para corporativizar su
operatividad, incorporando a los más capaces, cuya proveniencia sea la familia
o el mercado de trabajo.
Esta creencia, corporativizar la
empresa familiar, pasa por mantener los valores fundamentales que le dieron
simiento a esa empresa, potenciándola con un nuevo orden para mantenerse y
crecer en mercados cambiantes.
Por todo esto sugiero esta lista
de creencias potenciadoras para contribuir a inspirar nuevas formas de ver la
gestión de las empresas:
·
El conocimiento es un único capital que crece cuando se comparte.
·
La gestión apoyado en competencias es tan importante como la
gestión apoyada en relaciones.
·
Una clara estructura empresarial debe tener un organigrama
aceptado que considere los talentos y experiencias de todo el que pueda
aportar.
·
La capacitación dentro de la empresa debe ser continua, como
continua es la educación de todas las personas.
·
Conocimiento formal de la profesiones unido a valores universales
sólidos, son la combinación de una excelente preparación.
Y pueden haber más sugerencia, no
obstante, invito a reflexionar sobre las aquí propuestas.

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